miércoles, 23 de agosto de 2017

El terremoto de una noche de verano




Mañana del miércoles 23 de agosto de 2017. Me despierto y estiro el brazo para alcanzar el móvil, que marca las 9:55 de la mañana. Buena hora para levantarse en vacaciones. Como de costumbre, activo el WiFi para pasar de esa ignorancia mañanera ante el mundo exterior propia del recién despertado al ajetreo de mensajes y notificaciones llegadas durante la noche.

La noche anterior me había acostado con las noticias sobre las negociaciones entre los Boston Celtics y los Cleveland Cavaliers para traspasar a Kyrie Irving a Boston a cambio de Isaiah Thomas. "Imposible", pensé como aficionado a unos Boston Celtics enamorados de Isaiah Thomas por todo lo que ha supuesto para la franquicia verde estas dos últimas temporadas. Estaba convencido de que Thomas no se movería, no sólo por su estelar rendimiento deportivo, que ha devuelto a los Celtics al lugar ganador al que pertenecen, sino también por su excelente relación con la directiva y con la ciudad de Boston. Una relación de la cual me había enterado a través de mucho leer y escuchar sobre la NBA.

Thomas, elegido en la última posición del draft del 2011 y, pese a mostrar su talento ofensivo prácticamente desde el inicio de su carrera, fue dando tumbos por diferentes equipos mediocres que no supieron utilizar su talento, hasta que Boston apostó por él y le entregó las llaves del equipo. Thomas demostró entonces el jugadorazo que es, sobre todo en esta última temporada en la que ha sido el tercer máximo anotador de la NBA y ha liderado a los Celtics hasta las finales de la Conferencia Este. La simbiosis Isaiah Thomas - Boston Celtics funcionaba a la perfección para ambas partes: los Celtics confiaron en Thomas otorgándole minutos y responsabilidad y construyendo un equipo ganador a su alrededor, y este respondió con creces, convirtiéndose en el icono del equipo y de la ciudad, volviendo a poner a los Celtics en el mapa de los mejores equipos de baloncesto del mundo.

Por la otra parte, sobradamente conocida era la petición de traspaso que Irving había comunicado a su equipo, los Cleveland Cavaliers, por una serie de desavenencias con la directiva y por el papel secundario del base en el equipo, siempre a la sombra de Lebron James. La situación de Irving, uno de los mejores bases de la liga, era ya insostenible en Cleveland, y los Cavaliers se veían obligados a traspasar a su segunda estrella cuanto antes si querían evitar un infierno en el vestuario durante la temporada. Esta parte del traspaso cuadraba, pero no la otra de Thomas y los Celtics, por los motivos que he explicado anteriormente. Y es fácil saber que en la NBA, una operación de traspaso nunca se lleva a cabo si tan sólo una de las partes está interesada. Lógico y evidente.

El "problema" es que los Celtics, al contrario de lo que yo pensaba, sí estaban interesados. Esta mañana, cuando activé el WiFi en el móvil, ocurrió. Notificaciones de aplicaciones de NBA, mensajes de amigos sorprendidos por el traspaso, redes sociales llenas de mensajes y fotos sobre la operación... El traspaso se había hecho realidad. Isaiah Thomas, Jae Crowder, Ante Zizic y la elección del draft de 2018 de los Brooklyn Nets, hasta entonces propiedad de los Celtics, irían a Cleveland a cambio de Kyrie Irving.



Se trata de un traspaso de una magnitud aún desconocida porque los resultados están por verse, pero desde luego monumental y "terremótica" por la calidad y la relevancia de los jugadores traspasados y sus destinos. Boston y Cleveland, los dos mejores equipos del Este y los dos mayores rivales de esta conferencia, se estrechan la mano para intercambiarse piezas fundamentales antes de que comience la temporada.

Claves del traspaso

- Boston se hace con Kyrie Irving, insatisfecho con su situación en los Cavaliers por las operaciones de la directiva y, sobre todo, por verse como actor secundario por detrás de Lebron y no como estrella principal. Irving pasa a ser la estrella de los Celtics, reforzados tras la llegada de un agente libre de lujo como Gordon Hayward, pero también debilitados por las salidas de Avery Bradley y, sobre todo, de Isaiah Thomas, entre otros.

- Cleveland se hace con Jae Crowder, figura hasta ahora fundamental en los Celtics, sobre todo en la faceta defensiva. Fue Crowder precisamente uno de los encargados de frenar a Lebron en las últimas finales de la Conferencia Este, en la que los Cavaliers dieron pocas opciones a los Celtics, derrotándolos por 4-1. Ahora Crowder se antoja como suplente de lujo de Lebron, o incluso como titular para formar una dupla temible en ambos lados de la pista junto a Lebron.

- Cleveland se hace con Ante Zizic, procedente del Darussafaka Dogus de Estambul, equipo que ha disputado la Euroliga esta temporada. Es un pívot de 2,13 y 20 años con todo el futuro por delante que ha firmado 9 puntos, casi 7 rebotes y un tapón por partido en Euroliga. Aunque los Cavaliers habitualmente juegan sin un pívot puro y esa estrategia les ha funcionado hasta ahora, la llegada de Zizic podría cambiar esta tendencia, y el jugador croata podría disfrutar de minutos y desarrollarse en Cleveland hasta convertirse en un jugador cuyo techo desconocemos.

- Cleveland adquiere a Isaiah Thomas, hasta ahora jugador franquicia de los Boston Celtics y cuyo traspaso ha sido totalmente sorprendente. Su situación contractual (el año que viene tendrá que renovar su contrato y los Cavaliers tendrán que efectuar un desembolso importante o de lo contrario será agente libre) y la preocupación de Boston por su lesión en la cadera durante las series contra los Cavaliers parecen haber sido los principales motivos para deshacerse de él.

- Cleveland adquiere también la elección del draft de los Brooklyn Nets en el draft de 2018, hasta ahora perteneciente a los Celtics. Los Nets serán, posiblemente, uno de los peores equipos de la NBA, lo que significa que los Cavaliers tendrán, seguramente, una de las posiciones más altas para elegir en el mencionado draft. Esta es la pieza clave del traspaso y, en mi opinión, la que hace que los Celtics salgan como perdedores del traspaso, por ser un elemento de futuro  importante, una potencial futura estrella de la NBA.

¿Qué equipo sale ganando?

La actuación de cada uno de los equipos esta temporada será un indicador muy claro de quién será el ganador del traspaso, pues todas las predicciones apuntan a una final de conferencia Cavaliers - Celtics. De darse esa final, el ganador tendría la batalla psicológica ganada frente al otro equipo y la sensación de haber salido ganando de este traspaso. No obstante, la victoria en una final de conferencia tiene un valor escaso si finalmente el equipo no vence en la siguiente ronda, las finales de la NBA, que previsiblemente volverán a jugar los Golden State Warriors como ganadores de la Conferencia Oeste. Por mucho traspaso e incorporación que se haya producido este verano en la NBA, nadie ha conseguido acercarse al nivel de los Warriors, al menos viendo las plantillas sobre el papel.

En teoría, los Celtics salen perdiendo de esta operación. Pierden a dos de sus estrellas y a un importante recurso para el futuro del equipo, la elección del draft de 2018 de los Brooklyn Nets. Aunque si se confirman los temores de los Celtics sobre la salud a largo plazo de Thomas y este no vuelve a su mejor nivel, y por el contrario Irving termina de explotar como superestrella de la NBA, el ganador claro serán los Celtics. Esto sólo son especulaciones personales, y las variables son infinitas. Como en cualquier operación, sólo el tiempo acabará determinando quién es el ganador y quién el perdedor del traspaso, si es que acaba por haber un perdedor. Sólo con el tiempo podremos evaluar la magnitud de este terremoto de una noche de verano.

lunes, 19 de junio de 2017

"Arrasa con lo que veas, y generoso no seas."



La temporada 2016-2017 de la NBA llegó a su término con la victoria de los Golden State Warriors en el quinto partido de las finales de la NBA contra los Cleveland Cavaliers. Unas finales que se han decantado por los de la Bahía de Oakland con un resultado de 4-1. Pese a que los Cavaliers batallaran y consiguieran una victoria en el cuarto partido de la serie, ese triunfo no fue más que un hecho aislado en unas finales en las que los Warriors exhibieron una superioridad incontestable.

En la única victoria de Cleveland, el equipo de Ohio anotó 49 puntos en el primer cuarto, récord de puntos en un cuarto en la historia de la NBA. Tal vez los de Tyronn Lue no pudieran extrapolar este extraordinario porcentaje de acierto a otros partidos simplemente porque tal nivel de acierto es tremendamente difícil de repetir. Lejos de confirmar que los Cavaliers ganaron ese partido por pura suerte, sí conviene plantearse la naturaleza de una única victoria que se produjo en circunstancias extraordinarias. Para ser justos, hay que considerar que, si no hubiera sido por una remontada de los Warriors en los últimos tres minutos y un triple de Durant en la misma cara de Lebron, Cleveland se habría llevado el tercer partido de una serie en la que, de haberse colocado con un 1-2 en contra en lugar de un 0-3, el resultado final podría haber cambiado considerablemente...

O no. La superioridad de los Golden State Warriors con respecto a los Cleveland Cavaliers en estas finales ha sido más que patente. De hecho, no solo con respecto a los Cavaliers, sino con respecto a los otros 29 equipos de la NBA. Tras sumar dos temporadas consecutivas de 67 y 73 victorias, respectivamente, de 82 posibles, los Warriors fueron a por uno de los agentes libres más cotizados y valiosos de los últimos años: Kevin Durant. Y se hicieron con él, formando así un equipo que fácilmente podría calificarse de "abusón".

Pese a que los de San Francisco perdieran las finales de la NBA en esa temporada 2015-2016 en la que consiguieron 73 victorias, ya eran claramente el mejor equipo de la liga. Esas finales de 2016 no fueron otra cosa que la enésima demostración de poderío de un Lebron James que con la ayuda de su escudero de lujo Kyrie Irving llevó a su equipo a remontar un 1-3 en contra, algo que nunca nadie había conseguido en unas finales.

La llegada de Durant, a la postre principal actor de los Warriors y MVP de las finales de 2017, suponía la formación de un "superequipo", palabra que nos hemos hartado de repetir aquí, en Estados Unidos, y en definitiva en cualquier lugar en el que se siga la NBA. Es el "trending topic" de la NBA, aquello de lo que todo el mundo habla, porque quizás nunca antes hayamos estado ante un equipo con capacidades tan apabullantes como las que exhiben estos Warriors. Lo dijo Lebron James, que acaba de jugar su séptima final consecutiva: "este es el equipo con más pólvora contra el que jamás he jugado", fue su mensaje.



No nos engañemos. Para jugar 3 finales consecutivas y ganar el anillo de campeón de la NBA en 2 de ellas es necesario ser un "superequipo". La historia de este hermoso deporte está escrita por equipos que marcaron épocas: los Celtics de Russell y Cousy, y más tarde de Bird, McHale y Parish, los Bulls de Jordan y Pippen, los Lakers de Kobe y O´Neal, los Spurs de Robinson y Duncan (y de Parker, Ginóbili y Duncan con un factor Popovich igualmente importante e incombustible), los Celtics de Pierce, Garnett y Allen, e incluso los Heat de Bosh, Wade y Lebron, que recientemente afirmó que "nunca había jugado en un superequipo". Y la lista sigue. Prácticamente cualquier equipo que se haya proclamado campeón de la NBA es un superequipo. Por eso es la mejor liga del mundo, con los mejores equipos del mundo, y uno que destaca por encima de los otros 29.

La cuestión es cuánto debe destacar el equipo campeón y los equipos aspirantes al título sobre el resto de la manada. La misma cuestión que se plantea con el eterno "bipartidismo" del fútbol español, con Real Madrid y FC Barcelona molestados sólo ocasionalmente por otros equipos, debería plantearse también en la NBA, donde, si bien es cierto que el grado de competitividad ha variado a lo largo de los años y hemos podido asistir al dominio de ciertos equipos, comenzamos a enfrentarnos a una crisis de competitividad  desde el momento en el que Kevin Durant se unió a los Golden State Warriors.

Por mucho que se mueva el mercado, y por muy buenos jugadores que consigan contratar otros equipos, no parece haber una alternativa real al equipo de moda en la NBA, al menos a corto plazo. El núcleo de los Warriors, formado por Stephen Curry, Klay Thompson, Draymond Green y Kevin Durant, tiene una media de edad de 28 años, una cifra ideal para continuar jugando al más alto nivel durante varios años por venir. Salvo deseos puntuales de estos jugadores de liderar a su propio equipo en lugar de compartir estrellato y relevancia en los Warriors, o de aspirar a ganar más dinero y por tanto marcharse en busca de un equipo necesitado de un líder, no se atisban situaciones que puedan desestabilizar a este grupo de jugadores, que parece llamado a dominar la NBA en los próximos 4 o 5 años, mientras el resto de la liga se desvive por tratar de acercarse a una cima que parece inalcanzable, en la que los Warriors llevan instalados 3 años. En dos de esos años se erigieron como los dictadores, los tiranos de la NBA batiendo un récord de 72 victorias que parecía inalcanzable, y en el tercero añadieron a uno de los tres mejores jugadores de la NBA: un Kevin Durant que se unió al equipo que le eliminó en los Playoffs cuando era la referencia de los Oklahoma City Thunder, uno de los antaño candidatos a hacerle frente a estos Warriors cuyas opciones se evaporaron al perder a Durant.



Afortunadamente, la NBA goza de buena salud económica y deportiva, y de una batería de jugadores jóvenes extremadamente talentosos que garantizan el relevo generacional que se acentúa cada temporada con la retirada de los astros del baloncesto que admiramos durante décadas. Sin embargo, la competitividad por la que se caracteriza la mejor liga de baloncesto del mundo parece estar seriamente puesta en jaque por los Golden State Warriors, un equipo que cumple a rajatabla aquella célebre máxima de una de las películas de la saga "Piratas del Caribe": "arrasa con lo que veas, y generoso no seas."

martes, 28 de febrero de 2017

Cuando la liebre es el gato



Javier Romero (@_javier_romero)

El traspaso de Demarcus Cousins a los New Orleans Pelicans ha sido una de las grandes historias de la temporada en la NBA. Los Sacramento Kings, en plena crisis de resultados y reputación, decidieron deshacerse de su gran estrella y mandarla a Luisiana para recibir a cambio un paquete cuyo valor parecía muy inferior al de Cousins: Buddy Hield, Tyreke Evans, Langston Galloway y dos elecciones en el draft del año que viene, una en cada ronda.  Los Pelicans dieron a los Kings gato por liebre.

El resumen del traspaso, en papel, es el siguiente: una de las mayores superestrellas de la liga (Cousins) junto a un jugador de limitado impacto (Omri Casspi) por una promesa de 23 años (Hield), un escolta talentoso pero sin tiro de tres y que nunca llegó donde se esperaba (Evans), un base suplente (Galloway) y dos dados al aire (las dos elecciones del draft). Lo dicho: gato por liebre.

Pero, ¿y si los Kings acertaron al traspasar a Cousins, endosándole a los Pelicans una superestrella a la que tendrán que pagar durante una temporada y media sin saber si se quedará en el verano de 2018, cuando sea agente libre? ¿Y si en Sacramento se han quitado de encima a uno de los mayores "bocazas" de la NBA, un jugador que lleva 18 faltas técnicas a finales de febrero? ¿Y si New Orleans ha traído una presencia que rompe la química del equipo y perjudica las relaciones en el vestuario? ¿Y si la liebre es el gato?

Nunca es aconsejable sacar conclusiones de manera apresurada. Incluso en el caso de este traspaso, en el que aparentemente todo se veía bastante claro, hay un trasfondo que no siempre se aprecia a primera vista. La dupla que ahora forman Anthony Davis y DeMarcus Cousins, dos de los mejores jugadores de la liga, asustaba. Lo digo en pasado porque, tras jugar tres partidos con su nuevo dúo dinámico, los Pelicans han ganado cero partidos y han perdido tres. Es cierto que los jugadores necesitan tiempo para adaptarse a un nuevo equipo, especialmente si la magnitud del jugador nuevo es similar a la de Cousins. Posiblemente los Pelicans comiencen a carburar y consigan encarrilar el curso de esta temporada. Pero si hay algo que les falta a los de Nueva Orleans es tiempo. A falta de 22 partidos para el final de la temporada regular, son decimoterceros en el Oeste. A su favor juega el que la zona media-baja de la conferencia Oeste se encuentre muy comprimida a cierre de este artículo (los Nuggets son octavos con 26 victorias y 33 derrotas y los Pelicans, decimoterceros con 23 y 37), pero las sensaciones del equipo no invitan al optimismo.





Si los Pelicans tenían un objetivo trayendo a Cousins, es, como mínimo, clasificarse para los Playoffs este año. Lo consiguieron en la temporada 2014-2015, en la que terminaron cayendo ante los Warriors por 4-0. Desde entonces, han entrado en una travesía por el desierto de la que no consiguen salir a pesar de contar con Anthony Davis, que a sus 23 años ya domina la NBA.

La situación de Cousins es muy particular. Todo el potencial y el talento del mundo, un físico dominante como pocos en la NBA, pero una bomba de relojería en el vestuario. Una cabeza desastrosa, costumbres de protestar a los árbitros en exceso y una evidente falta de habilidades de liderazgo. En seis temporadas en Sacramento, el máximo de partidos que Cousins ha ganado en una temporada ha sido 33. El hecho de que no ha conseguido más victorias que derrotas en ninguna temporada habla por sí solo. No cabe duda de que Cousins nunca ha contado con plantillas competitivas que le permitieran entrar en los Playoffs con facilidad, pero sí que se le puede achacar una falta de liderazgo y de ejemplo.

Desde el comienzo de la temporada el 25 de octubre, Cousins ha recibido 18 faltas técnicas y en torno a 20 multas provenientes de la NBA por diversos motivos: peleas, insultos a árbitros y periodistas, lanzamiento de protector bucal al público... En el partido de ayer contra los Thunder, Cousins se enganchó con Steven Adams en la zona y recibió su decimoctava técnica de la temporada a los 30 segundos de comenzar el partido. Esta técnica implica que, a partir de ahora, se perderá un partido por cada técnica que reciba. Además, como comentamos previamente, su contrato expira en el verano de 2018, donde podrá elegir entre ofertas que seguro no le faltarán. Con la incertidumbre que ello conlleva, los Pelicans no poseen mucho margen de mejora. Están obligados a comenzar a ganar y a construir un equipo del gusto de "Boogie" para que este decida quedarse.

Los Pelicans fueron extremadamente inteligentes en la fecha límite de traspasos de la NBA. Sabedores de que los Kings querían deshacerse de Cousins cuanto antes, ofrecieron un paquete mediocre que les bastó para hacerse con un gran jugador que, si funciona, puede cambiar el rumbo del equipo, hasta ahora muy negativo. Una liebre. No obstante, en caso contrario, los Pelicans se habrán hecho con un jugador pasajero que corrompe la armonía del vestuario y busca un equipo al que unirse en 2018. Un gato.

Si hay una razón por la que los Kings no se deshicieron de Cousins antes, cuando su valor era mucho mayor, era la predilección del dueño del equipo, Vivek Ranadive, por su estrella. Expertos y personas cercanas a la NBA como Adrian Wojnarowski, el maestro en lo que a traspasos de la NBA se refiere, se han hecho eco de esta fijación del magnate indio por Cousins, que se contemplaba como lo único positivo que le ha sucedido a la franquicia en el plano deportivo durante los últimos años. Tras haber regalado a jugadores como Isaiah Thomas o Hassan Whiteside, Cousins era la balsa a la que se agarraban en Sacramento para salir a flote. Pero esa balsa, a falta de jugadores competentes a su alrededor para convertirse en barco y luchar por los Playoffs, se ha ido deshinchando a causa del constante fracaso, hasta que los Kings se vieron obligados prácticamente a regalarla a los Pelicans.

El balance del traspaso es aún incierto. Con apenas una semana transcurrida tras la operación es complicado sacar conclusiones. Sí observamos que Cousins aún está lejos de adaptarse a su nuevo equipo, y así lo demuestran los escasos 30 minutos por partido que ha disputado desde su llegada a Nueva Orleans debido a las faltas personales. Sólo el tiempo podrá determinar hacia dónde se dirige este equipo, para el que llegar a los Playoffs es una absoluta obligación.

Los Kings, en cambio, ya han comenzado una reconstrucción que, si bien se antoja tortuosa, es también muy necesaria. Disponen de jugadores jóvenes sobre los que construir, aunque necesitarán acumular recursos para poder moverse en futuros mercados y atraer a nombres más grandes. El éxito deportivo puede depender de un cambio en la directiva, que hasta ahora ha gestionado el equipo de manera nefasta. A su favor hay que decir que la decisión de desprenderse de Cousins, por muy controvertida que sea, es la acertada. Puede que la liebre termine siendo el gato, y viceversa.


jueves, 12 de enero de 2017

La revolución de los bajitos



Estadísticas: http://stats.nba.com/ , http://www.espn.com/
Fotografías: http://hoopshype.com/ , http://www.espn.com/ , http://www.sltrib.com/ , http://hoopshabit.com/

A raíz de un artículo publicado recientemente en El Mundo sobre Isaiah Thomas, uno de los mejores jugadores de la NBA pese a sus 1,75 metros de altura, creo necesario compartir una reflexión que he ido elaborando en los últimos meses, siguiendo la mejor liga de baloncesto del mundo, la NBA, y fijándome en el cambio que estamos viviendo en la manera de jugar a este deporte.

El baloncesto se está convirtiendo, cada vez más, en un deporte de "bajitos" (y con esto me refiero a jugadores exteriores, aunque frecuentemente sobrepasen los dos metros de estatura). No me refiero a que la altura media de los jugadores esté disminuyendo, sino a la importancia que los bases, escoltas y aleros están adquiriendo en el baloncesto de hoy a costa de los jugadores más grandes. Stephen Curry, Russell Westbrook, James Harden, Kyrie Irving, Mike Conley, Damian Lillard, Chris Paul, Kyle Lowry, Isaiah Thomas, Kemba Walker... La lista de bases estrella de la NBA es interminable. La posición de base siempre ha sido fundamental en nuestro deporte, pero en los últimos años este protagonismo se ha ido acentuando hasta derivar es una liga en la que el ritmo de juego se ha acelerado notablemente, los triples y los contraataques han pasado a ser una fuente vital de puntos y los entrenadores prefieren jugar con cinco jugadores móviles y rápidos para crear espacios que en otras épocas, por diferentes circunstancias, ni se valoraban ni se necesitaban.

En el baloncesto actual, los espacios lo son todo. Buscar tiradores se ha convertido en una necesidad para los equipos, y los hombres altos, si bien necesarios para tareas como el rebote o la defensa del aro, se antojan cada vez más prescindibles. Esta temporada estamos viendo equipos como los Houston Rockets, que "descansan" en defensa y "permiten" al equipo rival anotar de manera relativamente fácil, pero que en cambio practican un ataque muy veloz con una gran cantidad de lanzamientos de tres puntos para ganar desde el ataque y simplemente jugar a anotar más puntos que el rival nutriéndose de más posesiones provenientes de este altísimo ritmo de juego.

Los Houston Rockets lideran la liga en porcentaje de triples sobre tiros de campo totales. Un 46% de los tiros que lanzan provienen de más allá de la línea de triple. Este porcentaje es un resultado natural de la configuración de su quinteto inicial y de su plantilla en conjunto. Los Rockets suelen comenzar los partidos con James Harden, Eric Gordon, Trevor Ariza, Ryan Anderson y Clint Capela. De estos cinco jugadores, los cuatro primeros son tiradores decentes como mínimo (en el caso de Harden, Gordon y Anderson, sobresalientes). Los Rockets ocupan el puesto 24 en términos de puntos encajados por partido, con 107,2. Una posición mediocre que sin embargo compensan con creces con su ataque, anotando unos abrumadores 114,8 puntos por partido, el segundo mejor registro de la NBA por detrás de los 117,3 de los Golden State Warriors.

Mike D´Antoni, el entrenador de la franquicia tejana, siempre ha tratado de imponer un ritmo alto y un estilo de juego alegre, el "run and gun"(básicamente correr y tirar), apenas utilizando la primera mitad del reloj de posesión para disponer del máximo número de posesiones posible. Este año, Houston ha confeccionado una plantilla perfecta para este estilo de juego. D´Antoni, consciente del valor de James Harden, tal vez el jugador ofensivamente más talentoso de la NBA, le ha otorgado las riendas del equipo trasladándolo a la posición de base la mayoría del tiempo. Harden es excelente en cuanto a toma de decisiones en ataque, y no sólo está anotando unos escalofriantes 28,5 puntos por partido (tercer mejor anotador de la NBA), sino que también lidera la NBA en asistencias con 11,8. Este aspecto pasador de Harden era lo que necesitaban los Rockets para alcanzar su máximo potencial. A menudo acusado de individualista y egoísta, Harden está demostrando que es capaz de compartir el balón y repartir juego como nadie.


Los Rockets no sólo están imponiendo un estilo que se corresponde con una tendencia revolucionaria propia del baloncesto moderno. Además tienen éxito. Actualmente ocupan la tercera posición en la exigente Conferencia Oeste, con 31 victorias y 10 derrotas a cierre de este artículo (eso sí, justo después de haber perdido contra los Timbervolwes, un equipo muy inferior). El equipo de D´Antoni acecha a los San Antonio Spurs (30-8). La primera plaza la ocupan los Golden State Warriors, que practican un estilo muy similar al de los Rockets. Su poderoso quinteto titular cuenta con cuatro tiradores muy fiables, tres de ellos de élite (Curry, Thompson y Durant, acompañados por Draymond Green y Zaza Pachulia).

En el Este, el panorama en cuanto al estilo de juego de los líderes es similar. Los Cleveland Cavaliers, líderes del Este, ocupan el segundo puesto en la mencionada estadística de porcentajes de triples lanzados sobre el total de tiros de campo, con un 38,7%. A pesar de contar ya con grandes tiradores como Kyrie Irving, JR Smith, Kevin Love y por supuesto Lebron James, los Cavs se han reforzado con Kyle Korver, uno de los mejores triplistas de la liga, aunque esta incorporación, como todas, requerirá un proceso de adaptación por parte de Korver a un estilo de juego muy asentado y a una cultura completamente diferente de la que se practicaba en su anterior equipo, los Atlanta Hawks. Así lo demuestran las dos derrotas en dos partidos de los Cavaliers desde que ficharon a Korver.



Evidentemente, el éxito de estos equipos con su estilo de juego es un producto de la calidad de sus jugadores. Sería interesante analizar los resultados del mencionado "run and gun" de un equipo mediocre o con jugadores no tan brillantes como los que tienen Houston, Golden State o Cleveland.

Llama la atención que los mejores equipos de la liga (exceptuando a los San Antonio Spurs, siempre fieles a su particular y característico estilo de juego basado en el ataque en medio campo y en la circulación del balón) estén apostando por el triple como fuente fundamental de anotación. Cabe plantear si estamos viviendo el ocaso de la defensa como pilar fundamental del baloncesto, pero para tranquilidad de los puristas defensivos, la realidad es que ningún equipo tiene opciones de ganar una final de la NBA sin defender de manera excelente. Asimismo, estamos asistiendo a la ironía de la reducción del protagonismo de los hombres altos en el preciso momento en el que vivimos un resurgimiento de pívots dominantes en la liga: Anthony Davis, Karl-Anthony Towns, Joel Embiid, DeMarcus Cousins, DeAndre Jordan, Marc Gasol... Además, excepto Jordan, un pívot más "tradicional" que el resto, todos se están adaptando a las nuevas circunstancias de juego, incorporando el lanzamiento de tres puntos o por lo menos de media distancia a su juego. El ejemplo más claro es el de Marc Gasol: la temporada pasada, el pívot español anotó dos triples en tres intentos en todo el año. En esta temporada 2017, ha anotado 51 de 131 intentos.


Los Cavaliers y los Warriors, ganadores de los últimos dos títulos de la NBA, han puesto en duda la necesidad de jugadores interiores dominantes para ganar la NBA. Ninguno de los dos contaba con pívots puros y a la vez decisivos en el juego del equipo. Es cierto que Tristan Thompson, ala-pívot de los Cavs, fue importantísimo en las finales del año pasado debido principalmente a su labor reboteadora y defensiva. Festus Ezeli, pívot de los Warriors, también jugó un papel fundamental en la final de 2015. Sin embargo, ninguno de los dos se corresponde con la definición de pívot de hace unos años, como Shaquille O´Neal, Hakeem Olajuwon, Patrick Ewing o Tim Duncan.

Seguirán llegando jugadores grandes a la NBA, y continuarán siendo importantes para el baloncesto. Al fin y al cabo, este siempre ha sido un deporte de gente alta. No obstante, el juego interior se encuentra en crisis. Los "bajitos" (bases, escoltas e incluso aleros) están moldeando el juego de los "grandes", y no al revés. De seguir esta tendencia, ser capaz de anotar triples será un requisito indispensable para los hombres interiores en unos años. Es la revolución de los bajitos.


domingo, 6 de noviembre de 2016

Banner18


Para leer el artículo en español, haz click aquí.

Thanks to a connection here at Syracuse University, where I am studying broadcast journalism and information management & technology, last year I worked for Suns Talk Radio, a radio show on the Phoenix Suns. I watched the Suns games and reported their performance and details from games to the directors of the show.

This year, the creators and directors of the show are developing The Bounce, a meeting point for all NBA fans where each team has its own space, its own content. In other words, they´re expanding the Suns show to an NBA-wide network that provides audiovisual and written content on every NBA team.

Banner18 is the Boston Celtics radio show. The name blends the pride of the Boston Celtics, which have an NBA-highest 17 NBA titles (therefore 17 NBA banners hanging from the ceiling of their arena) and the perspective of reaching an 18th banner. I am fortunate to direct and produce this show where mi roommate and I discuss major sports and NBA news and focus on the Boston Celtics.

We broadcast live every Sunday at 11 p.m. Eastern, but you can listen to our episodes whenever you want clicking on the Banner18 page.


I encourage you all to take a look (or a "hear") to our show and to follow us on Twitter and Facebook. Thank you! 

Banner18


Gracias a una conexión aquí en Syracuse University, donde estoy estudiando periodismo y tecnología de la información, el año pasado trabajé para el programa de radio Suns Talk Radio sobre los Phoenix Suns. Mi función consistía en ver partidos de los Suns e informar a los directores del programa sobre su rendimiento y sobre los detalles de los partidos.

Este año, los creadores y directores del programa están desarrollando The Bounce, un punto de encuentro para todos los aficionados al baloncesto en el que cada equipo tiene su propia pestaña, su propio contenido. Es decir, han aumentado la idea del programa de los Suns para ofrecer contenido audiovisual y escrito sobre todos los equipos de la NBA.

Pues bien, Banner18 es el programa de radio de los Boston Celtics. El nombre mezcla el orgullo de los Boston Celtics, que tienen la friolera de 17 títulos de campeón de la NBA, y por tanto 17 banderas ("banners" en inglés) de campeones colgadas del techo de su estadio, y el optimismo de conseguir la decimoctava (de ahí el "18"). Tengo la fortuna de dirigir y producir este programa en el que mi compañero de habitación Connor y yo hablamos sobre deportes, la NBA y especialmente los Boston Celtics.

Emitimos todos los domingos a las 23:00 EST (5 de la mañana en España), pero podéis escuchar los episodios en diferido cuando queráis haciendo click en la página de Banner18.

Os animo a todos a echarle un vistazo (u "orejazo" :) ) al programa y a seguirnos en Twitter y Facebook. ¡Muchas gracias!


sábado, 24 de septiembre de 2016

Anything is possible


Photos: nba.com, si.com.



Yesterday, a 40-year-old Kevin Garnett announced his retirement from professional basketball. Garnett, simply put, is the reason why I started playing basketball and loving the game. It is hard to express how much "The Big Ticket" means for me. Basketball is today such an important part of my life. For me, it´s not only a game that I enjoy playing and watching, but also a passion, a discipline at which I try to get better every single day, by playing it, watching it, analyzing it and, all in all, living it.

Kevin Garnett, in my opinion the greatest and most passionate power-forward to ever play the game, provided a perfect example of how we should confront life and the diverse obstacles we can encounter throughout our experiences. Always wanting more, always going hard at his defenders, always taking pride in his hard work, KG is such an important role model for me.

He was the first player to be drafted straight out of high school to the NBA in 20 years. Being a power forward, this was an extremely risky decision to make. Garnett, who was a high school sensation but also a skinny, "what-if", undeveloped player, went all in to fulfill his dream and play against the biggest, strongest and most dominant big players in the world. Later in his career, he proved that he was the best player to be drafted in that 1995 draft class. But it was not easy. His success came after hard-fought years of struggle and frustration, in which he didn´t see his Minnesota Timberwolves make significant progress or be competitive in the NBA.

KG became the MVP in the 2003-2004 season thanks to his overwhelming dominance over any other player in the NBA. A monster at the rim, he could dunk, rebound and assist like nobody could. His mid-range shot was unstoppable. His footwork, a pleasure to watch. But even at the top of his individual career, he didn´t manage to make it to the final stage, the NBA Finals, as he was defeated in the Western Conference Finals by the Lakers, the team he happened to be a huge fan of as a kid in Mauldin, South Carolina, where he was born. Magic Johnson was his idol. Right before Garnett made his All Star debut in 1997 in Cleveland, Magic high-fived him and told him: "enjoy the game man, enjoy yourself". KG then turned to the camera following him, and said: "I´m not gonna wash this hand for a long time".




















After the departure of Latrell Sprewell and Sam Cassell, KG´s two best teammates in Minnesota, Garnett played extraordinarily through two more collectively mediocre seasons in which the Timberwolves didn´t even make the Playoffs. It was time for change. And boy, what a change. The Celtics signed Garnett to form one of the greatest trios in basketball history with Paul Pierce and Ray Allen. The 2007-2008 Celtics looked scary. And they actually were. The team completed the biggest win percentage turnaround in one season in NBA history: from 24 wins and 58 losses in 2006-2007, to 66 wins and 16 losses in 2007-2008.


After a historic season, the Celtics were in the NBA Finals for the first time since 1987. In front of them, guess who? Yes, the Lakers. But this time it was going to be different. In a video recently released by the NBA YouTube channel, KG says "I picked my head up, and I took a blink, and I blinked again, and I see the Lakers right in front on me. And I got a patch on that says "NBA Finals". And I just remember seeing Larry Bird on this side and James Worthy and Magic on this side, and it´s about to go down. The crowd before the game was like a jamboree, man. I was like,  wow, I´m in the Lakers-Celtics series, for all the marbles."  Garnett´s great storytelling skills were showing us that the Celtics were going to be NBA champions. And it happened. After a memorable six-game series which Kobe Bryant often considers the most frustrating defeat of his career, the Celtics won the trophy at home, in front of the same fans that had watched them struggle for years. "ANYTHING IS POSSIBLE!" was KG´s historic celebration motto.


A second straight NBA championship escaped the Celtics´ trophy room two years after, in 2010, when they lost by 4 points in game 7 against the Lakers blowing a 3-2 lead. After a couple more seasons, Garnett and Pierce sacrificed their status for the Celtics organization, who needed to start rebuilding for the future, and traded them to the Nets in a sad but necessary move. After Garnett injured his knee in 2009, he was never the same player. His intensity and charisma remain untouched, but he had to see most of the games from the bench as his body was starting to show the consequences of playing in the NBA since he was 18.

In 2015, he went from Brooklyn to Minnesota, to the team who drafted him, to the place where his legend started. In a young, talented team, Garnett didn´t enjoy many minutes on the court, but he established himself as a leader in the locker room, as a mentor for a promising group of players. Being an MVP and a Defensive Player of the Year, the development of the young players and the success of the team as a whole was all he cared about.

Yesterday, September 23rd, 2016, Kevin Maurice Garnett´s retirement was made official. Yesterday, we said goodbye to a legend. Apart from his outstanding basketball skills, I don´t think we´ll ever see a player who carries himself with the passion and energy that KG does. The game will miss him.

Thank you for being the reason I started playing and loving basketball.
Thank you for what you brought to the game.
Thank you for your passion, your drive, your energy, your persistence.
Thank you for all those epic buzzer-beaters, putback dunks and magic assists.
Thank you for embodying Celtic pride.
Thank you for being a role model.
Thank you for teaching and showing us that anything is possible.